Santo Domingo. El liderazgo evangélico dominicano alzó la voz ante el aumento de los feminicidios y pidió acciones urgentes y concretas, más allá de las estadísticas oficiales. Pastores y líderes de fe coincidieron en que la respuesta debe llegar a las familias y a las comunidades, donde se origina la violencia.
El pastor Feliciano Lacen, presidente del Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE), advirtió que la respuesta estatal no puede limitarse a presentar cifras o lanzar programas desde los escritorios, porque eso contribuye a normalizar la violencia. Su llamado: salir a la calle y trabajar directamente con las familias para reducir los casos.
Consecuencias claras y valores en casa
La pastora Lidia Pérez subrayó la urgencia de establecer consecuencias claras y políticas firmes, especialmente en materia de violencia contra la mujer: donde hay normas y límites bien definidos, disminuyen los comportamientos violentos. Por su parte, Víctor Tiburcio, fundador de la Universidad de Liderazgo y Ministerio (UNILIMI), señaló la desintegración familiar como el problema de fondo.
Otras voces del sector atribuyeron parte del problema a la pérdida de valores y a patrones culturales que perpetúan la idea de que las mujeres son propiedad de los hombres. La líder religiosa Rosa Liriano advirtió que muchos agresores no toleran la ruptura de la relación y llegan a la violencia extrema.
Una causa que une a la sociedad civil
Cuando las iglesias, las organizaciones sociales y las familias hablan el mismo idioma frente a la violencia machista, el mensaje se vuelve imposible de ignorar. La propuesta de los pastores es clara: combinación de acción comunitaria, trabajo directo con las familias y normas firmes. Ni solo oración, ni solo leyes: las dos cosas, juntas y ya.